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¿Estamos condicionados para fracasar en nuestro trabajo?


 

¿Se acuerdan del perro de Pavlov? ¿El que salivaba cuando escuchaba un timbre? Ese es un ejemplo de condicionamiento clásico, cuando bajo un estímulo inicial se produce una serie de comportamientos inconscientes. La salivación es totalmente inconsciente pero, ¿qué hubiese pasado si el perro se daba cuenta de lo que sucedía y se convertía en autoconsciente?

Aunque no lo crean, nuestro cerebro está tan condicionado que incluso los recuerdos sirven de estímulo inicial y conducen a que tengamos comportamientos o impulsos correlativos al estímulo.

Por ejemplo, si un fumador dejó de fumar pero lo hacía mientras libaba, entonces al estar en presencia del alcohol, el impulso de fumar será muy fuerte e incluso podría llevarlo a recaer. Sin embargo, si somos conscientes de que eso está sucediendo con nosotros, podremos retomar el control de nuestro condicionamiento previo y cambiarlo.

Vamos a lo nuestro: el tema laboral. Estamos completamente condicionados desde que entramos a nuestro entorno laboral. Incluso el pensamiento al estar en camino o tan solo pensar en ir a trabajar nos tiene condicionados a tener ciertas emociones que conducen a comportamientos. Pero, ¿qué pasa si desde hoy nos volvemos conscientes de nuestras emociones en relación al trabajo?

Nuestro sistema límbico reacciona antes que la parte racional. Analicemos qué sucede con nosotros cuando nos dicen la palabra “trabajo”: si de inmediato sientes pereza o desmotivación, no estás en el lugar correcto. Pero no por el lugar físico en sí sino porque no estás logrando que sea el lugar adecuado para ti.

Analiza cuáles son los aspectos negativos de tu trabajo e identifica cuáles son las raíces del problema, pues todo funciona en cadena y no lograrás poner el alto al ciclo vicioso de tu desmotivación.

El asunto es transformar al instante tus emociones negativas en positivas, y analizar cómo trasladar racionalmente esas emociones en estrategias. Es decir, a partir del pensamiento cambiaremos la emoción y las conductas asociadas.

Seamos conscientes de lo que nuestro sistema nos está indicando. Si no estás contento piensa en cómo transformar esa sensación de insatisfacción en una más llevadera, hasta que te recondiciones nuevamente frente al estímulo negativo inicial.

Aquí algunas sugerencias:

  1. Haz memoria de cuándo empezó este sentimiento negativo hacia tu trabajo.

  2. ¿Eres lo suficientemente solvente a nivel intelectual para cambiar? Y con eso me refiero a que decir “No puedo” no es una opción.

  3. Desmenuza el contenido del rencor y direcciónalo correctamente. No generalices.

  4. Haz una lista de las contrariedades que te incomodan.

  5. Estructura estrategias y tácticas en relación a los diferentes temas a tratar.

  6. Mantente positivo. Si no lo haces será muy difícil conseguir tus objetivos pues la reprogramación toma tiempo. Por eso te recomiendo que practiques sonreír todo lo que puedas, esto activará distintos neurotransmisores que aumentarán tu bienestar.

  7. No culpes a nadie, TÚ y solo TÚ eres responsable de tu miseria… o de tu felicidad.

Piénsalo, analízalo, conversémoslo...

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